viernes, 24 de abril de 2015

Carta del Che Guevara a Armando Hart Dávalos, Dar-Es-Salaam, Tanzania (4/XII/1965)




CHE GUEVARA en búsqueda de un nuevo socialismo 
(Rebelión 5 de agosto de 2002):

Mi querido Secretario:
Te felicito por la oportunidad que te han dado de ser Dios; tienes 6 días para ello. Antes de que acabes y te sientes a descansar (...), quiero exponerte algunas ideíllas sobre la cultura de nuestra vanguardia y de nuestro pueblo en general.
En este largo período de vacaciones le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya que el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método, es lo más antimarxista, pero además suelen ser muy malos. La segunda, y no menos importante, fue mi desconocimiento del lenguaje filosófico (he luchado duramente con el maestro Hegel y en el primer round me dio dos caídas). Por eso hice un plan de estudio para mí que, creo, puede ser estudiado y mejorado mucho para constituir la base de una verdadera escuela de pensamiento; ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar. El plan mío es de lecturas, naturalmente, pero puede adaptarse a publicaciones serias de la editora política.
Si le das un vistazo a sus publicaciones podrás ver la profusión de autores soviéticos y franceses que tiene.
Esto se debe a comodidad en la obtención de traducciones y a seguidismo ideológico. Así no se dá cultura marxista al pueblo, a lo más, divulgación marxista, lo que es necesario, si la divulgación es buena (no es este el caso), pero insuficiente.
Mi plan es este:
I. Clásicos filosóficos
II. Grandes dialécticos y materialistas
III. Filósofos modernos
IV. Clásicos de la Economía y precursores
V. Marx y el pensamiento marxista
VI. Construcción socialista
VII. Heterodoxos y Capitalistas
VIII. Polémicas
Cada serie tiene independencia con respecto a la otra y se podría desarrollar así:
I). Se toman los clásicos conocidos ya traducidos al español, agregándose un estudio preliminar serio de un filósofo, marxista si es posible, y un amplio vocabulario explicativo. Simultáneamente, se publica un diccionario de términos filosóficos y alguna historia de la filosofía. Tal vez pudiera ser Dennyk [Guevara se refiere a Dinnyk que dirigió una historia de la filosofía en cinco tomos] y la de Hegel. La publicación podría seguir cierto orden cronológico selectivo, vale decir, comenzar por un libro o dos de los más grandes pensadores y desarrollar la serie hasta acabarla en la época moderna, retornando al pasado con otros filósofos menos importantes y aumentando volúmenes de los más representativos, etc.
II). Aquí se puede seguir el mismo método general, haciendo recopilaciones de algunos antiguos (Hace tiempo leí un estudio en que estaban Demócrito, Heráclito y Leucipo, hecho en la Argentina).
III). Aquí se publicarían los más representativos filósofos modernos, acompañados de estudios serios y minuciosos de gente entendida (no tiene que ser cubana) con la correspondiente crítica cuando representen los puntos de vista idealistas.
V). [En el original aparece el N° IV tachado y rectificado como V. La propia carta luego lo explica]. Se está realizando ya, pero sin orden ninguno y faltan obras fundamentales de Marx. Aquí sería necesario publicar las obras completas de Marx y Engels, Lenin, Stalin [subrayado por el Che en el original] y otros grandes marxistas. Nadie ha leído nada de Rosa Luxemburgo, por ejemplo, quien tiene errores en su crítica de Marx (tomo III) pero murió asesinada, y el instinto del imperialismo es superior al nuestro en estos aspectos. Faltan también pensadores marxistas que luego se salieron del carril, como Kautsky y Hilfering (no se escribe así) [el Che hace referencia al marxista austríaco Rudolf Hilferding] que hicieron aportes y muchos marxistas contemporáneos, no totalmente escolásticos.
VI). Construcción socialista. Libros que traten de problemas concretos, no sólo de los actuales gobernantes, sino del pasado, haciendo averiguaciones serias sobre los aportes de filósofos y, sobre todo, economistas o estadistas.
VII). Aquí vendrían los grandes revisionistas (si quieren pueden poner a Jruschov), bien analizados, más profundamente que ninguno, y debía estar tu amigo Trotsky, que existió y escribió, según parece.
Además, grandes teóricos del capitalismo como Marshal, Keynes, Schumpeter, etc. También analizados a fondo con la explicación de los porqué.
VIII). Como su nombre lo indica, éste es el más polémico, pero el pensamiento marxista avanzó así. Proudhon escribió Filosofía de la miseria y se sabe que existe por la Miseria de la filosofía. Una edición crítica puede ayudar a comprender la época y el propio desarrollo de Marx, que no estaba completo aún. Están Robertus y Dürhing en esa época y luego los revisionistas y los grandes polémicos del año 20 en la URSS, quizás los más importantes para nosotros.
Ahora veo que me faltó uno, por lo que cambió el orden (estoy escribiendo a vuelapluma).
Sería el IV, Clásicos de la economía y precursores, donde estarían desde Adam Smith, los fisiócratas, etc.
Es un trabajo gigantesco, pero Cuba lo merece y creo que lo pudiera intentar. No te canso más con esta cháchara. Te escribí a ti porque mi conocimiento de los actuales responsables de la orientación ideológica es pobre y, tal vez, no fuera prudente hacerlo por otras consideraciones (no sólo la del seguidismo, que también cuenta).
Bueno, ilustre colega (por lo de filósofo), te deseo éxito.
Espero que nos veamos el séptimo día, Un abrazo a los abrazables, incluyéndome de pasada, a tu cara y belicosa amistad.
R.[Ramón] Ernesto Che Guevara.

Tomado de Rebelión.org (5 de agosto de 2002)

(Las negrillas y subrayado han sido agregadas por nosotros así como la cursiva en el párrafo con negrilla)


Comentario a la Carta de Che.
La cátedra “Ernesto Guevara” de las “Madres de la Plaza de Mayo”, al transcribir la última carta del Che desde Tanzanía, ha tratado, por todos los medios, de contraponer el marxismo de Stalin y los marxistas-leninistas, al marxismo del Che. Falseando el contenido de la célebre carta del Che, la cátedra argentina pretende ignorar que el gran revolucionario considera con toda claridad a José Stalin como un clásico del marxismo-leninismo, junto a Karl Marx, Fredrich Engels y Vladimir Lenin y no como dice la cátedra, que sería un marxismo “dogmático” y “dictatorial”, por ello mismo y sabiendo muy bien qué estaba escribiendo, subraya y hace énfasis en el carácter clásico de la obra del gran georgiano. Es pues una falta muy grande de honestidad intelectual intentar falsificar el pensamiento del Che en torno a Stalin. Es ésta la razón por la cual ponemos las negrillas donde corresponde en la famosa y última carta del Che.
Por otra parte, el Che propone el estudio de Trotski entre los revisionistas como una necesidad de conocimiento general y prácticamente como “maestros negativos”, junto a Jruschov (léase atentamente la carta y nótese la ironía del Che en torno al “amigo” de Hart) y no entre los heterodoxos como dice, otra vez fraudulentamente, la cátedra argentina. 
No se puede tapar el hecho clarísimo de que el pensamiento del Che coincide con el marxismo-leninismo, con el maoísmo y la revolución verdadera.
En tercer término, nuevamente en forma deshonesta e ignorante se habla en la cátedra de los “stalinistas” aggiornados entre los que se coloca a Roger Garaudy. Para nadie es un secreto que Garaudy fue un “comunista” ultrarevisionista que fue expulsado del PCF revisionista y terminó como islámico fundamentalista. El Ché en su carta no menciona siquiera a Garaudy.
Para que no quede duda alguna, lo que sí señala el Ché subrayándolo, es el estudio de los clásicos y entre ellos a José Stalin. Mal que les pese a todos los antiestalinistas y entre ellos a los manipuladores de la cátedra Che Guevara de las “Madres de la Plaza de Mayo”.
El Che Guevara, en una de sus estadias en Moscú depositó una ofrenda floral en la tumba de Stalin ante la molestia de Faure Chomón el sí un revisionista cubano, que fungía de embajador de Cuba en la URSS. El Che Guevara cita permanentemente en sus obras, el aporte teórico y práctico de Stalin a la construcción socialista, especialmente en temas económicos del período de transición.



Chispa - r


El “Stalin” de Trotsky


No es difícil ver que el  “historiador” Trotsky es un historiador prejuiciado, sesgado, subjetivo. En oportunidades anteriores hemos presentado artículos de trotskistas y filotrotskistas que no tienen otra alternativa que reconocer esas  “cualidades” de Trotsky en su condición de historiador, cualidades imposibles de ocultar y que se pueden observar en las principales obras históricas de Trotsky, como  “Historia de la revolución rusa”. Presentamos a continuación un artículo escrito por Isaac Deutscher, biógrafo y apologista de Trotsky, en la que igualmente no puede menos que advertir que su ídolo se mueve en las miasmas de la falsedad, la distorsión y la calumnia. Es cierto que el objetivo del artículo de Deutscher es tratar que el lector sea “comprensivo” con los nefastos motivos del autor de la  “biografía” de Stalin y presentarlos adecentados como un contraste de ideas y personalidades. Por supuesto, no tiene éxito en eso. Sin embargo, en esa fallida tarea, Deutscher da algunas pinceladas de algunos  “errores” que Trotsky comete -esta vez- en su libro  “Stalin”.


El “Stalin”  de Trotsky
Isaac Deutscher
(1948)
 

 
La “evaluación” de Stalin realizada por Trotsky es uno de los documentos trágicos de la literatura moderna. El lector contemporáneo todavía no puede ver al héroe de este libro ni a su autor en la perspectiva de la historia, y, en consecuencia, no es fácil definir su valor como documento. El tren de los acontecimientos, al que pertenece la enemistad de los dos hombres, aún no ha recorrido todo su camino. Incluso la publicación del libro, independientemente de las intenciones de su autor, se ha convertido en un incidente menor en la controversia contemporánea entre Oriente y Occidente. El libro estuvo listo para su publicación en los Estados Unidos ya en 1941. Los editores norteamericanos suspendieron su publicación en deferencia al líder de una poderosa nación aliada. Por tal razón, recién vio la luz en los Estados Unidos en 1946, después de que las relaciones entre los antiguos aliados se enfriaran, y la opinión diera el notable viraje desde la admiración por Rusia en tiempos de guerra hacia las agudas suspicacias de la postguerra. De esta forma, el testimonio de Trotsky está siendo utilizado para desacreditar a StalinPro captu lectoris habent sua fata libelli[1].
 
[...]
*** 

Lo que los editores de Trotsky nos presentan ahora no es una biografía de Stalin, sino una acusación contra él. Es un libro que presenta todas las huellas de la tremenda presión nerviosa bajo la que vivió su autor durante sus últimos trágicos años. Cuando Trotsky lo escribió tenía tras de sí más de diez años de frustrante aislamiento, diez años en el curso de los cuales erró sin sosiego, en constante peligro de muerte, de un refugio inseguro a otro. Estaba angustiado por la pesadilla de los procesos de Moscú, en los que había sido señalado como el centro de la más siniestra conspiración. Todos sus hijos habían muerto en circunstancias misteriosas que le inducían a creer que habían caído víctimas de la venganza de Stalin. Por último, mientras todavía estaba trabajando en su libro, el 20 de agosto de 1940, fue abatido por un asesino, que presumiblemente ejecutaba un veredicto de Moscú. Trotsky sólo acabó los primeros siete capítulos; los demás se ensamblaron y editaron basándose en notas del autor, aunque no siempre de estricto acuerdo con la tendencia de pensamiento de Trotsky. Trotsky hubiera protestado contra la frase de Mr. Malamuth, “la tendencia hacia la centralización, ese seguro precursor del totalitarismo”, o contra su descripción del mariscal Pilsudski como “libertador de Polonia”. Por lo tanto, no es nada sorprendente que este libro póstumo carezca de la envergadura y el brillo que caracterizó su monumental Historia de la revolución rusa”Como pieza literaria es decepcionantemente rudimentaria y a veces incoherente. Aún así, hay que decir que muchas de sus páginas están iluminadas por relámpagos de genio, epigramas y dichos que pueden pasar a la historia. 

“De los doce apóstoles de Cristo [dice Trotsky en la página 416 refiriéndose a los procesos de la purga] sólo Judas salió traidor. Pero si hubiera logrado el poder, habría presentado como traidores a los otros once apóstoles, sin olvidar a los setenta discípulos menores que menciona san Lucas”.

Y así es cómo el propio Trotsky resume su acusación de Stalin:

L’Etat c’est moi (el Estado soy yo) es casi una fórmula liberal comparada con las realidades del régimen totalitario de Stalin. Luis XIV se identificaba a sí mismo con el Estado. Los papas de Roma lo hacían con el Estado y la iglesia, pero sólo durante la época del poder temporal. El Estado totalitario va más lejos que el cesaropapismo, pues ha abarcado también toda la economía del país. Stalin puede decir muy bien, a diferencia del Rey Sol: La société c’est moi”.

[...] 
*** 

El encono de Trotsky hacia Stalin es ilimitado. No obstante, la afirmación de que el rencor dirigía su pluma con demasiada frecuencia, tiene que tomarse con reservas. Como historiador y biógrafo, Trotsky trata los hechos, las fechas y las citas de un modo concienzudo casi hasta la pedantería. Donde se equivoca es en las construcciones que hace sobre los hechos. Yerra en sus inferencias, en sus conjeturas. No pocas veces sus pruebas se basan en rumores dudosos. A esa categoría corresponde la oscura, vaga y contradictoria sugerencia de que en su lucha por el poder, Stalin pudo haber acelerado la muerte de Lenin. No obstante, por regla general su conciencia de historiador le hace trazar una clara línea de distinción entre los hechos y sus propias construcciones y conjeturas, de modo que el lector con sentido crítico puede reconocer el riquísimo material biográfico, y formarse sus propias opiniones. 
 
Es posible que los lectores ingleses del libro encuentren su método de exposición excesivamente aburrido, reiterativo y pedante. El autor profundiza con implacable suspicacia en todos los detalles de la vida de su adversario. Armado de un formidable arsenal de citas y documentos, polemiza extensamente. Frecuentemente expresa su acuerdo o su desacuerdo con otros biógrafos de Stalin, muchos de los cuales apenas merecen ser tomados en serio, y es patético que este gran luchador político y literario dirija todos sus cañones de grueso calibre contra las liebres y los conejos que recorren por el campo frente a él.
 
Sin embargo, Trotsky no escribió su libro con la mirada puesta en ningún público angloparlante u occidental. Tampoco estaba sumamente interesado en su éxito inmediato. En cambio, en sus pensamientos, él se dirigía a un público ruso, al que esperaba que en última instancia llegasen sus palabras, aunque tal vez no durante su vida. Había una nueva generación rusa habituada desde la cuna al culto de Stalin y educada en historias de la revolución de las que se había borrado cuidadosamente el nombre de Trotsky y todo lo que éste representaba. Era en beneficio de esa generación que él se proponía, paso a paso, destruir el culto stalinista, reafirmar su propio papel en la revolución y reafirmar lo que él consideraba los principios prístinos del bolchevismo. El futuro demostrará si su trabajo fue inútil o no. En diez o veinte años su “Stalin” puede llegar a constituir una gran experiencia espiritual para la intelectualidad rusa, un estímulo para alguna extensa e impredecible “transmutación de valores”. Es posible que una nueva generación rusa encuentre en el trotskismo (junto con un intento obviamente conservador y quijotesco de llevar de nuevo el reloj de la historia rusa a 1917) un punto de partida para una nueva tendencia de ideas, lo mismo que los progenitores del socialismo francés encontraron un punto de partida en Babeuf.] 
 
*** 
 
No obstante, no es difícil de ver la debilidad de la acusación trotskista. Aparece claramente, por ejemplo, en los siguientes pasajes de la página 336: 
 
“Esta disparidad fundamental tiene su ejemplo... en la singularidad de la carrera de Stalin comparada con las carreras de los otros dos dictadores, Mussolini y Hitler, cada uno de ellos iniciador de un movimiento, ambos agitadores excepcionales y tribunos populares. Su exaltación política, por fantástica que parezca, se produjo por su propio impulso a la vista de todos, en conexión inquebrantable con el desarrollo de los movimientos que encabezaron desde su arranque. Completamente distinto es el carácter de la subida de Stalin. No puede compararse con nada de tiempos pasados. Parece no tener prehistoria. El proceso de su elevación transcurrió en alguna parte, tras una cortina política impenetrable. En un determinado momento, su figura, en la panoplia del poder, se desprendió súbitamente de la pared del Kremlin, y por primera vez el mundo se dio cuenta de Stalin como dictador ya hecho así... 
 
“Las acostumbradas comparaciones oficiales entre Stalin y Lenin son sencillamente indecorosas. Si la base de comparación es la expansión de la personalidad, es imposible parangonar a Stalin ni siquiera con Mussolini o Hitler. Por pobres que sean las “ideas” del fascismo, los dos victoriosos caudillos de la reacción, el italiano y el alemán, desde el comienzo mismo de sus respectivos movimientos desplegaron iniciativa, impulsaron a las masas a la acción, abrieron nuevas rutas a través de la jungla política. Nada de esto puede decirse de Stalin”. 
 
Esas palabras, escritas mientras Rusia estaba entrando en su segunda década de economía planificada –es decir, varios años después de la colectivización de veintitantos millones de granjas—, tenían un sonido suficientemente irreal incluso hace ocho o nueve años; hoy suenan fantásticas. El retrato que Trotsky hace de Stalin está coloreado por el desprecio, comprensible pero irrazonable, de un hombre de letras y pensador original hacia un hombre de acción muy poderoso, aunque gris y algo torpe. Trotsky subestimó a su adversario hasta el punto de llegar a ver la figura de Stalin como un deus ex machina “desprendiéndose súbitamente de la pared del Kremlin”. Pero Stalin no pasó de ese modo al primer plano. Las propias revelaciones de Trotsky dejan perfectamente claro que, desde la revolución de Octubre, Stalin fue siempre uno de los muy pocos (tres o cinco) hombres que ejercieron el poder; y que su influencia práctica, aunque no ideológica, en el grupo gobernante sólo fue inferior a Lenin o Trotsky.
 
*** 
 
No fue sólo la personalidad de Stalin lo que Trotsky subestimó. Subestimó también la profundidad y la fuerza de los cambios sociales que condujeron a Stalin a un primer plano, pese a que él mismo había sido el primero en interpretar esos cambios. Trotsky veía a Stalin como el líder de una “reacción termidoriana” de la revolución, como el jefe de una nueva jerarquía burocrática, el iniciador de una nueva tendencia nacionalista resumida en la fórmula del “socialismo en un solo país”. Durante las décadas de 1920 y 1930, Trotsky culpó a Stalin por todas las derrotas que el comunismo sufrió en el mundo. En esas críticas había parte de verdad, especialmente en las devastadoras críticas de la política de la Komintern en Alemania, en vísperas de la era nazi. Pero el conjunto de sus acusaciones delata un grado de “subjetivismo” en Trotsky que es opuesto a su método marxista de análisis. En su concepción, Stalin aparece casi como el demiurgo, el demiurgo malo, de la historia contemporánea, el único hombre cuyos vicios han dominado los destinos de la revolución internacional. En ese punto la polémica de Trotsky huele menos a Marx que a Carlyle. 
 
¿Era Stalin el líder del Termidor soviético? En Francia la reacción termidoriana puso fin al Terror. No deshizo la obra económica y social de la revolución, pero le impuso un alto. Después del Termidor no tuvo lugar ningún cambio importante en la estructura social de Francia, en la que tanto había operado la revolución. El poder político pasó de la plebe al Directorio burgués. En Rusia, por el contrario, la revolución social no se detuvo con el ascenso de Stalin al poder. Por el contrario, los actos más completos y radicales de la revolución, la expropiación y colectivización de todas las fincas individuales, la iniciación de la economía planificada, no tuvieron lugar hasta la época de Stalin.
 
[...] 
*** 
 
Hay mucha más verdad en la otra acusación de Trotsky: la de que Stalin se erigió en jefe de una nueva burocracia que se había elevado sobre el pueblo. Contra la concepción rígida y totalitaria de la jerarquía de Stalin, Trotsky invocó el programa de la democracia soviética —es decir, del gobierno por el pueblo revolucionario— que los bolcheviques habían anunciado cuando tomaron el poder. Aquí, el precedente de su argumentación es inconfundible para el historiador: bajo el Directorio, Babeuf abogó por el retorno a la constitución jacobina de 1793. Sin embargo, el gobierno por el pueblo revolucionario en la Rusia de 1925 o 1930 era tan imposible como lo había sido en la Francia de 1797. Las masas revolucionarias habían agotado sus energías políticas en la guerra civil y habían desempeñado su papel. La fase “heroica” de la revolución había cedido su lugar al hastío y la apatía; el progreso de la nación ya no podía ser impulsado desde abajo, sino mediante la dirección desde arriba. Hasta aquí, la analogía entre el régimen de Stalin y la reacción termidoriana es correcta. 
 
*** 
 
Lo que Trotsky subrayó fue la medida en que el paso de la “democracia soviética” al “control burocrático” había tenido lugar en el período leninista. Trotsky distingue entre las dos fases de la revolución, pero se resiste a admitir plenamente la conexión entre ellas. Es verdad que el leninismo era esencialmente no-totalitario; pero también es verdad que hacia el final de la guerra civil (digamos, en 1920 y 1921), bajo la presión de los acontecimientos, evolucionó gradualmente, a tientas,  casi de manera inconsciente hacia el totalitarismo. El nacimiento del totalitarismo bolchevique puede encontrarse, con un alto grado de precisión, en el X Congreso del partido en 1921. Fue sobre los cimientos puestos por el congreso de 1921 que Stalin edificó su régimen en años posteriores. Tanto Lenin como Trotsky pensaron en volver a un orden más democrático; pero es dudoso que, aun si Lenin hubiera vivido más, hubiesen podido hacerlo. Dejando a un lado las contrarrevoluciones fascistas coetáneas, que han sido de carácter predominantemente político y totalitarias a priori, ninguna revolución social histórica (ni la cromwelliana, ni la jacobina, ni la bolchevique) ha eludido la fase de “degeneración totalitaria”.
 
Lo principal en la acusación formulada por Trotsky es que Stalin abandonó la revolución mundial para sustituirla por el “socialismo en un solo país”. A los no-marxistas, la polémica sobre ese tema entre el trotskismo y el stalinismo les parece una disputa escolástica, aunque en el curso de la misma hayan rodado las cabezas de muchos líderes bolcheviques. Pero era más que eso. Lo que en realidad separaba a los dos antagonistas no era que uno de ellos “quisiera” la revolución y el otro no la “quisiera”, sino una diferencia fundamental en su apreciación del potencial revolucionario de las clases obreras de los países occidentales. 
 
***
 
En el trotskismo subyacía la firme creencia de que al menos Europa estaba “madura para el socialismo”. Ésta era la tesis que había sido enunciada por Karl Kautsky, el “Papa” de la socialdemocracia internacional, a comienzos del siglo. Desde ese punto de vista, la revolución rusa era el preludio de una conmoción mucho más amplia. A ojos de Trotsky, los éxitos de la construcción socialista en Rusia sola eran muy poco en comparación con el gran crescendo en la prosperidad material, progreso cultural y libertad espiritual que podían esperarse de una economía socialista basada y planificada a escala europea. Trotsky estaba convencido de que el capitalismo europeo había perdido su vitalidad y que la clase obrera europea deseaba, de corazón, renunciar a los beneficios engañosos del reformismo en favor de la revolución. Dondequiera que el orden capitalista tuviese éxito en lograr un cierto grado de estabilización (fuese por medio de una cirugía fascista, o por medio de una suave cura reformista), la culpa a ojos de Trotsky, caía sobre los hombros de los dirigentes comunistas o social-demócratas. Trotsky decía frecuentemente que aunque la victoria del socialismo en Europa fuese remota, estaba sin embargo más próxima que el triunfo de una sociedad verdaderamente socialista, sin clases, en la “atrasada e incivilizada” Rusia. Para él Rusia se encontraba en la periferia de la civilización moderna. Esa periferia, indudablemente, contenía una fuerza poderosa; era la avanzadilla del socialismo. Pero al fin y al cabo las formas de la nueva sociedad no se lograrían en la periferia sino en el centro de la civilización moderna.
 
Stalin no ha formulado nunca muy explícitamente su propio pensamiento sobre este aspecto de la cuestión. En primer lugar, Stalin carece del talento Trotsky para la exposición de las ideas; pero, lo que es más importante, su actitud manifiesta un alejamiento de la tradición marxista. Su verdadero, aunque cuasi-esotérico, punto de vista ha sido sólo insinuado en su doctrina del “socialismo en un solo país”. Stalin no compartió nunca el optimismo de Trotsky acerca de la “madurez” de Europa para el socialismo, pero estimaba aún como muy formidable el poder de resistencia que le quedaba, en su conjunto, al orden capitalista. En las muchas crisis de política internacional en el período de entreguerras —por ejemplo, la crisis británica de 1926, el triunfo del nazismo en Alemania, el frente popular en Francia, la guerra civil española— Stalin fue mucho menos optimista que Trotsky en cuanto a la receptividad por parte de la clase obrera de las ideas de la revolución proletaria. Para Stalin, su particular forma de socialismo en Rusia era, y sigue siendo, mucho más importante que la posibilidad del socialismo en Occidente. Él se negaba a ver a Rusia condenada a la periferia de la civilización moderna, y confiaba en que estaba destinada a convertirse en la ciudadela de la nueva civilización socialista. El plan de Stalin era edificar y salvaguardar esa ciudadela, aunque los medios empleados para tal fin chocasen (como, por ejemplo, el pacto germano-soviético de 1939) o pareciesen chocar con los intereses de la clase obrera de otros países. Mientras Trotsky pensaba en términos de un doble impacto de Rusia sobre Occidente, y luego del Occidente socialista sobre Rusia. Stalin ve en el impacto unilateral de Rusia sobre Occidente el factor primordial y decisivo del destino del comunismo o del socialismo.
 
*** 
 
Las doctrinas de Trotsky y de Stalin ven, por igual, la historia contemporánea como una rivalidad a escala mundial entre el capitalismo y el socialismo, una rivalidad históricamente tan legítima como lo fue la vieja lucha entre los sistemas sociales feudal y burgués. Stalin, a fin de cuentas, se ha inclinado a confiar en una evolución pacífica de esa rivalidad, que permita el desarrollo y la consolidación de la ciudadela rusa del socialismo. Trotsky puso más énfasis en las formas “cataclísmicas” de dicha rivalidad, y de manera especial en la “presión del mundo capitalista” que podría quizá derribar el edificio del socialismo ruso mucho antes de que éste pudiera ser terminado. Además, ese edificio, construido sobre cimientos ligeros y vacilantes, en un país “atrasado, semiasiático”, estaba, en su opinión, peligrosamente contrahecho en diversos aspectos, que no era sino una caricatura de socialismo. 
 
Desde que comenzó la controversia, hace aproximadamente un cuarto de siglo, los acontecimientos han sometido a las dos doctrinas antagónicas del comunismo a una continua prueba. La controversia sigue inacabada, aunque ya no se dirime en las filas del comunismo, porque la Cuarta Internacional de Trotsky nació muerta. Sin embargo, indirectamente, las doctrinas del stalinismo y del trotskismo están siendo sometidas a nuevas pruebas en las mesas de conferencias de la diplomacia internacional y en la inquietud social de Europa y Asia.
 
*** 
 
A juzgar por dichas pruebas, el escepticismo de Stalin a propósito del temple revolucionario de la clase obrera europea parece hasta ahora mejor justificado que la confianza de Trotsky. Es verdad que a menudo ese temple ha sido desalentado como estimulado por las políticas de Stalin. Pero esto no resuelve el problema fundamental. Ninguna clase social dotada de un auténtico y significativo ímpetu permitirá que una influencia del exterior la aparte de sus objetivos esenciales. Si fuese correcto el punto de vista de Trotsky de que la influencia de Moscú ha actuado como un freno decisivo de la revolución europea, sólo demostraría la relativa debilidad del elemento proletario revolucionario en Europa occidental. Por lo demás, hoy Rusia ya no puede seguir siendo considerada como situada en la periferia de Europa. Al contrario, gran parte de Europa ha pasado a ser periférica de Rusia. Este solo cambio radical en el equilibrio internacional del poder puede ser argumentado por cualquiera para reivindicar, en términos comunistas, la doctrina de Stalin.
 
Pero, desde el punto de vista marxista, en modo alguno se puede desechar definitivamente la argumentación trotskista... 
 

Nota de CM-L: La presente es una edición ligeramente modificada de la versión en español publicada en old.kaosenlared.net, cotejada con la versión en inglés de marxists.org, que lleva por título “Trotsky on Stalin”. Las citas de Trotsky han sido actualizadas a partir de la edición en español de “Mi vida”, también publicada en marxists.org
 
 

Stalin no promovió la "coexistencia pacífica" revisionista



¡Sidalin!, ¡Sidalin!, ¡Sidalin
¡Wansui Sidalin!

“Izquierdistas” y trotskistas atribuyen falsamente a Stalin la teoría revisionista de la "coexistencia pacífica", que jruschovistas y brezhnevistas establecieran como política de la URSS e impusieran al movimiento comunista internacional después de la muerte de Stalin. estos renegados desvirtuaron completamente la política de coexistencia pacífica establecida por Lenin, según la cual los países socialistas debían mantener relaciones diplomáticas y comerciales con los países capitalistas, mientras se preparan para las afrontar inevitables guerras que el capitalismo genera y para el momento de la batalla decisiva entre los dos sistemas. El revisionismo jruschovista renegando de la lucha de clases y de la dictadura del proletariado, aparte de negar la tesis leninista de la inevitabilidad de las guerras en la época del imperialismo y de abogar por la competencia pacífica entre el socialismo y el capitalismo como forma de decidir "quién vencerá", hizo extensiva la teoría de la coexistencia pacífica entre sistemas a la coexistencia entre las clases explotadas y explotadoras en los países capitalistas, renunciando a la revolución proletaria y adoptando el camino de la transición pacífica del capitalismo al socialismo, que incluye la lucha electoral y parlamentaria como la vía de la conquista del poder en camino al socialismo.

Los seudoizquierdistas y troskistas hacen responsable a Stalin de las teorías de los renegados jruschovistas-brezhnevistas y "olvidan" la claridad con la que en su obra "Problemas Económicos del Socialismo en la URSS", Stalin expone las tesis marxista-leninistas que están en abierta contradicción con las de las camarillas de Jruschov y Brezhnev. En esa vena, publicamos el artículo del británico John B. Green que remitiéndose a esta última gran obra de Stalin, rebate la acusación gratuita y falsa que los seudoizquierdistas y trotskistas hacen al gran discípulo de Lenin (más allá de algunas tesis controvertidas de Green sobre los últimos años de Stalin).

 
Problemas Económicos del Socialismo” de Stalin y el revisionismo

John B. Green

Los seudoizquierdistas sostienen, falsamente, que Stalin le dijo al proletariado mundial en 1952 (en “Problemas Económicos del Socialismo en laURSS”) que la Unión Soviética superaría al capitalismo debido a que el capitalismo era incapaz de una mayor expansión y que todo lo que se requería era que la clase obrera internacional viviera en coexistencia pacífica con el capitalismo para lograr la victoria. Este artículo aborda estos argumentos.

Expansión y contracción económicas

Stalin escribió sobre la cooperación entre los nuevos países socialistas y señaló:

“Puede afirmarse que, dado ese ritmo de desarrollo de la industria, esos países pronto se pondrán a tal altura, que no necesitarán importar mercancías de los países capitalistas, sino que ellos mismos sentirán la necesidad de exportar las mercancías excedentes por ellos producidas.


Pero de aquí se desprende que la esfera de explotación de los recursos mundiales por los principales países capitalistas (los Estados Unidos, Inglaterra y Francia) no va a ampliarse, sino reducirse...”
 (Stalin, “ProblemasEconómicos del Socialismo en la URSS”, p. 18).

En 1952, era correcta la afirmación de que los países socialistas habían ampliado su esfera, con las ganancias de posguerra en Europa del Este. El capitalismo había perdido estos mercados. La Unión Soviética y China estaban ganando en fuerza económica. El capitalismo estaba sintiendo la pérdida de mercados tan enormes. En consecuencia, en 1952 esta observación estaba totalmente justificada. Sin embargo, Stalin murió un año después y los revisionistas jruschovistas tomaron el poder, siguiendo un rumbo diferente.

En 1952, como señaló Stalin, los países socialistas estaban ampliando su esfera económica. Los países capitalistas habían perdido mercados y seguían perdiéndolos, y de esta forma se contraían. Es absurdo sostener que la esfera de explotación de los recursos mundiales por los principales países capitalistas no se contrajo, efectivamente, durante los años cincuenta. Esto comenzó cuando una serie de países de Europa oriental se unió al bloque económico “soviético”, lo que dio lugar durante mucho tiempo a una contracción de la esfera económica capitalista y la expansión de la esfera económica socialista, incluido el desarrollo de la Unión Soviética y China. Stalin estaba simplemente en lo correcto.

Por supuesto, el capitalismo tiene sus ciclos de auge, caída y nuevo auge, marcados por las guerras. Pero Stalin estaba escribiendo específicamente sobre la nueva situación con respecto al nuevo bloque socialista en desarrollo.

Stalin dice en “Problemas Económicos” que su anterior fórmula sobre la estabilidad de los mercados capitalistas ya no era válida, en vista de las nuevas condiciones económicas mundiales.

El capitalismo comenzó a recuperarse algunos años después de la Segunda Guerra Mundial. Y muchos años después, estableció mercados incluso en los países “socialistas”. Pero Stalin era marxista-leninista, y no miraba una bola de cristal. Los acontecimientos posteriores (incluyendo el ascenso de los revisionistas en los países socialistas) dieron lugar a nuevos cambios en la economía global. Estos cambios se reflejarían después en la teoría. Argumentar, como hacen los seudoizquierdistas, que Stalin estaba equivocado a la luz del desarrollo de los acontecimientos posteriores, es absurdo. ¿Lenin estuvo equivocado al optar por la revolución, mientras que los mencheviques estuvieron en lo correcto, sólo porque décadas más tarde Rusia es declaradamente capitalista? Por supuesto que no. Las circunstancias cambiaron tras la muerte de Stalin.

El curso económico seguido por los revisionistas después de la muerte de Stalin se describe detalladamente en el libro “La restauración del capitalismo en la Unión Soviética” de W.B. Bland, en el websitewww.oneparty.org.uk del Communist Party Alliance. Las políticas revisionistas incluyeron la abolición de la planificación económica socialista y la introducción de un mercado “socialista” y de políticas capitalistas favorables a la expansión del capitalismo. Esto exigió una reevaluación, desde el punto de vista de la teoría marxista-leninista, de las perspectivas en ese momento. Stalin tuvo razón al examinar la situación del momento y al extraer correctamente conclusiones prácticas de ella. De hecho, la tendencia del capitalismo a contraerse continuó durante un tiempo después de la muerte de Stalin.

Stalin no se estaba refiriendo a las décadas futuras o más allá, ya que (como todo el mundo) no tenía una bola de cristal y no podía predecir todos los eventos por venir. La teoría siempre cambia a medida que los acontecimientos del mundo siguen adelante.

Sin embargo, Stalin tenía razón. El problema es que los seudoizquierdistas y otros pensadores no dialécticos le atribuyeron a Stalin ideas que nunca tuvo, tergiversaron sus ideas porque no las entendieron y les dieron un marco temporal que nunca tuvieron.

Stalin no estaba mirando una bola de cristal, profetizando el futuro lejano, el estaba identificando una tendencia.

La afirmación de que Stalin promovió la “coexistencia pacífica” revisionista

Stalin nunca mencionó (y ciertamente no lo hizo en “Problemas Económicos”) una política en que la clase obrera viviera en “coexistencia pacífica” con el capitalismo. Por el contrario, en “ProblemasEconómicos”, Stalin afirmó que las guerras imperialistas son inevitables (difícilmente un argumento a favor del proletariado sentándose a esperar) y también sostuvo que la clase obrera no debe retrasarse, sino que debe utilizar todas las condiciones favorables para tomar el poder.

La coexistencia pacífica fue una política formulada por V.I. Lenin, y no se refería a la “coexistencia pacífica” entre la clase obrera y los capitalistas. Significaba que un país socialista procuraría establecer una coexistencia pacífica con los países no socialistas, lo que le conduciría a tener relaciones comerciales y diplomáticas con el mundo no socialista. Esta fue la política leninista que Stalin apoyó.

Tras la muerte de Stalin en 1953, los jruschovistas trataron de imponer su interpretación revisionista de la coexistencia pacífica al movimiento comunista internacional. Mientras que para los marxista-leninistas, incluyendo Stalin, la coexistencia pacífica era una relación entre Estados, los revisionistas soviéticos deformaron esta política en el sentido de buscar la paz entre las clases explotadas y explotadoras al interior de los países, y la paz entre las naciones oprimidas y las naciones opresoras en las relaciones internacionales.

El movimiento por la paz: Stalin sobre la inevitabilidad de las guerras

Las seudoizquierdistas afirman, falsamente, que Stalin en “ProblemasEconómicos” planteó una política que sugería que la clase obrera debería vivir en “coexistencia pacífica” con el capitalismo, porque “el capitalismo era incapaz de expandirse”. Pero sólo tenemos que leer las páginas 20-21 de ese folleto, para refutar estas afirmaciones.

Lo que sigue es de “Problemas Económicos del Socialismo”, pp. 20-21 (las negritas es énfasis mío):


“Pero de aquí se desprende que la inevitabilidad de las guerras entre los países capitalistas sigue existiendo.


Se dice que la tesis de Lenin relativa a que el imperialismo engendra inevitablemente las guerras debe considerarse caducada, por cuanto en el presente han surgido poderosas fuerzas populares que actúan en defensa de la paz, contra una nueva guerra mundial. Eso no es cierto.


El presente movimiento pro paz persigue el fin de levantar a las masas populares a la lucha por mantener la paz, por conjurar una nueva guerra mundial. Consiguientemente, ese movimiento no persigue el fin de derrocar el capitalismo y establecer el socialismo, y se limita a los fines democráticos de la lucha por mantener la paz. En este sentido, el actual movimiento por mantener la paz se distingue del movimiento desarrollado en periodo de la Primera Guerra Mundial por la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, pues este último movimiento iba más lejos y perseguía fines socialistas.


Es posible que, de concurrir determinadas circunstancias, la lucha por la paz se desarrolle hasta transformarse, en algunos lugares, en lucha por el socialismo, pero eso no sería ya el actual movimiento pro paz, sino un movimiento por derrocar el capitalismo.


Lo más probable es que el actual movimiento pro paz, como movimiento para mantener la paz, conduzca, en caso de éxito, a conjurar una guerra concreta, a aplazarla temporalmente, a mantener temporalmente una paz concreta, a que dimitan los gobiernos belicistas y sean sustituidos por otros gobiernos, dispuestos a mantener temporalmente la paz. Eso, claro es, está bien. Eso incluso está muy bien. Pero todo ello no basta para suprimir la inevitabilidad de las guerras en general entre los países capitalistas. No basta, porque, aun con todos los éxitos del movimiento en defensa de la paz, el imperialismo se mantiene, continúa existiendo, y, por consiguiente, continúa existiendo también la inevitabilidad de las guerras.


Para eliminar la inevitabilidad de las guerras hay que destruir el imperialismo.”

Precisamente: el “presente" (década de 1950) movimiento pro paz no es suficiente. Es necesario destruir el imperialismo. El “presente” movimiento por la paz no puede lograr eso. Stalin, en este pasaje, evidentemente no se refiere al movimiento comunista; es un error identificar el movimiento comunista de los años 50 con el “movimiento pro paz”. Creo que éste es el error que la seudoizquierda comete. Por lo general, usan esta cita para tratar de justificar la incorrecta posición seudoizquierdista sobre el concepto de Stalin de “coexistencia pacífica”.

Hay que destruir el imperialismo”, dice Stalin. Sí, en efecto. El movimiento comunista, para Stalin y para todos los marxista-leninistas, existe para destruir el capitalismo. El movimiento por la paz fue, como lo es hoy, una historia diferente, tal como lo explicó Stalin en el pasaje de “Problemas Económicos” al que estoy dirigiendo la atención de los lectores.

La evaluación de Stalin del capitalismo en 1952 no estaba equivocada. Pero tampoco trataba Stalin de imponer una política que orientara al proletariado a vivir en “coexistencia pacífica” con el capitalismo. Ésta es una alegación presentada regularmente por el enemigo de clase, y debe ser impugnada cada vez que sea expuesta por la pequeña burguesía, la socialdemocracia, los trotskistas y los seudoizquierdistas.

En el pasaje citado anteriormente, Stalin, de hecho, está sosteniendo que el movimiento por la paz, incluso si se tuviera éxito, podría en el mejor de los casos evitar una guerra concreta (es decir, no la que está a la vuelta de la esquina), posponerla temporalmente, etc., etc. De hecho, Stalin está argumentando aquí que el movimiento por la pazno puede impedir la guerra imperialista. Stalin era absolutamente inequívoco a este respecto.

Stalin escribió esto, acerca de las guerras, en la misma obra:


“Algunos camaradas afirman que, debido al desarrollo de nuevas condiciones internacionales después de la Segunda Guerra Mundial, las guerras entre los países capitalistas han dejado de ser inevitables... Estos camaradas se equivocan.”

Stalin hizo públicas sus opiniones sobre la inevitabilidad de las guerras imperialistas en su disputa con Dimitrov, quien argumentaba que las guerras no eran inevitables. Los argumentos de Stalin en “Problemas Económicos del Socialismo” son parte de su disputa con esta fracción.

La interpretación seudoizquierdista de que, en su libro, Stalin no estaba dando una advertencia inequívoca de que es imposible evitar la guerra, es una lectura falsa, basada en prejuicios seudoizquierdistas.

La parte citada tiene por objeto demostrar que el movimiento por la paz fue un movimiento limitado, con fines limitados. ¡Stalin no recomendaba que los comunistas debieran limitarse a esos objetivos! Esta intención es lúcidamente clara para cualquier lector imparcial.

Los seudoizquierdistas afirman que en “Problemas Económicos”, Stalin estaba hablándole al “movimientocomunista por la paz democrática”, de la que el PC británico era una parte importante. (Hago notar que dice “una” parte importante). ¿Qué clase de argumento es éste? ¿Ese hecho hace que el movimiento pacifista británico, por no decir el movimiento por la paz mundial, sea una organización comunista? ¡Claro que no! En realidad, Stalin está diciendo esto claramente en el pasaje citado. Es obvio que el movimiento comunista y el “presente movimiento pro la paz”no eran una y la misma cosa. Stalin advertía de los límites del movimiento por la paz y señalaba la inevitabilidad de las guerras.

La mentira de que Stalin se pronunció por la “transición pacífica” al socialismo

“La dictadura del proletariado no puede surgir como resultado del desarrollo pacífico de la sociedad burguesa y de la democracia burguesa; sólo puede surgir como resultado de la demolición de la máquina del Estado burgués, del ejército burgués, del aparato burocrático burgués, de la policía burguesa...

En otras palabras: la ley de la revolución violenta del proletariado, la ley de la destrucción de la máquina del Estado burgués, como condición previa de esta revolución, es una ley inexcusable del movimiento revolucionario en los países imperialistas del mundo.”


(J.V. Stalin: “Los fundamentos del leninismo”, cap. IV, en Obras Completas, tomo 6, Moscú, 1953)

Stalin también fue claro sobre el tipo de partido necesario para lograr esta “destrucción de la máquina del Estado burgués”:

“He aquí la necesidad de un nuevo partido, de un partido combativo, de un partido revolucionario, lo bastante intrépido para conducir a los proletarios a la lucha por el poder...”

(J. V. Stalin, Ibíd., cap. VIII)

La opinión de que Stalin defendía una “transición pacífica” es una mentira basada en prejuicios seudoizquierdistas.

Para Stalin, no hubo “campañas de confusión”. Fue explícito al escribir sobre “la ley de la revolución violenta del proletariado... en los países imperialistas del mundo”. Es en este contexto en que podemos entender aquello de que “hay que destruir el imperialismo”.


“El camino británico al socialismo” (CBS)

La publicación en 1951 de “El camino británico al socialismo” –que predicaba que el socialismo podría establecerse en Inglaterra a través de la “democracia parlamentaria”– marcó la transición abierta del Partido Comunista de Gran Bretaña, su transición del marxismo-leninismo al revisionismo.

El CBS fue enunciado por primera vez en forma definitiva por el comité ejecutivo del PCGB en 1951, con una enmienda aprobada en el XXII Congreso de 1952.

Expresaba el ridículo punto vista revisionista de que:


“... Es posible ver cómo el pueblo se moverá hacia el socialismo sin más revolución, sin la dictadura del proletariado.”

Tanto los partidarios como los detractores de “El camino británico al socialismo” en los años cincuenta, sostuvieron que éste había sido “aprobado”. Pero, aunque fue publicado en su totalidad en Pravda, hay evidencia de que Stalin lo criticó. Se cita a Stalin calificándolo de “muy tímido”, que no era lo suficientemente crítico del Partido Laborista británico, al que describía como el ala izquierda del Partido Conservador.


No hay ninguna evidencia de que Stalin apoyara el CBS.


¿Los revisionistas “aparecieron de la nada” en Moscú?

Los seudoizquierdistas alegan que no hubo ningún rastro de algún movimiento revisionista que se opusiera a Stalin y a los marxista-leninistas, en vida de Stalin.

Sin embargo, desde 1930, hubo luchas entre los revisionistas y los marxista-leninistas en la dirección del PCUS. Stalin y los marxista-leninistas no siempre tuvieron la mayoría.

Por ejemplo, a principios de la década de 1940, los economistas Eugen Varga y Nikolai Voznsensky publicaron –abiertamente– libros que defendían programas revisionistas, y fueron rápidamente golpeados por los marxista-leninistas.


En este sentido, Bill Bland planteó una serie de preguntas y sugirió una respuesta:

· ¿Por qué Stalin, que jugó un papel tan activo en el movimiento comunista internacional en la década de 1920, dejó de hacerlo después de 1926?

· ¿Por qué la publicación de las obras de Stalin, programada en dieciséis volúmenes, se quedó en el volumen 13 en 1949, cuatro años antes de su muerte?

· ¿Por qué no se pidió a Stalin que presentara el Informe del Comité Central ante el XIX Congreso en 1952?

· ¿Por qué los últimos escritos de Stalin se limitaron a temas como la lingüística y la crítica de una propuesta de libro de texto sobre Economía –temas que los revisionistas ocultos pudieron considerar inofensivos si Stalin no los hubiera convertido en ataques a las ideas revisionistas?

[Respuesta:] Porque durante algunos años antes de su muerte, Stalin y sus camaradas marxista-leninistas no tuvieron la mayoría en la dirección de la Unión Soviética.

Los revisionistas no “aparecieron de la nada”, estaban comprometidos en una lucha (por lo general oculta) en la dirección, y salieron a la luz después de la muerte de Stalin.

El argumento que atribuye a Stalin el origen de las políticas revisionistas, planteado por los seudoizquierdistas y los trotskistas, es simplista. También es algo cómodo, y pone a estos amables críticos en un terreno de afectuoso acuerdo con la burguesía imperialista. Sólo los antirrevisionistas, los marxista-leninistas, pueden explicar cómo es que la Unión Soviética llegó a ser traicionada por el revisionismo.


John B. Green

Communist Party Alliance

Fuente: John B. Green, “Stalin’s ‘Economic Problems of Socialism’ and Revisionism”, s/f, publicado en oneparty.co.uk

Traducido para “Crítica Marxista-Leninista” por Inessa de la Torre.

Nota: Para facilitar la consulta, las páginas relativas a “Problemas Económicos delSocialismo en la URSS”, corresponden a la edición realizada por “Crítica Marxista-Leninista”.